Mucha gente me acusa de pensar demasiado, de estar siempre con demasiadas ideas a medio y largo plazo, que no vivo el momento, lo cual puede ser cierto.

Seguramente la tripulación del Titanic estaba toda tranquilita tomándose un carajillo, sin pensar en nada, viviendo el momento, cuando de repente un iceberg les estropeó la fiesta y les hizo despertar. Cuando se dieron cuenta de la situación el barco estaba medio hundido, llenaron los botes salvavidas por la mitad, dejando que la mitad de los pasajeros (los más pobres principalmente) murieran congelados en las frías y negras aguas del océano.

Ahora, nuestro barco, el barco de la democracia, del bienestar, de la libertad… está hundiéndose en las frías y negras aguas de la indiferencia. Algunas personas tratan de poner calma entre la gente, avisarles de que hay botes para todos, que es posible salvar a todo el mundo aunque sea a costa de ir todos un poco más apretaditos en los botes. Pero la gente no escucha, los pasajeros están demasiado ocupados con su trabajo, con su vida de pareja, viendo la televisión, cuidando de sus hijos, endeudados hasta las cejas con el día a día que tanto les preocupa, sin darse cuenta de que ese día a día será cada vez peor y sin solución si no hacemos algo.

Es muy triste vivir en una sociedad en la que la gente se preocupa más de la vida sentimental de Brad Pitt que de su entorno. Como si Brad Pitt fuera a sacarles del paro, de la hipoteca, de las deudas con el banco, de las largas esperas de la sanidad.

Es muy triste ver cómo personas probablemente muy inteligentes, con hijos a su cargo, no se preocupan de su educación, dándoles ejemplo de ciudadanía, demostrándoles que el mundo se puede cambiar, que la cultura y el saber nos hace libres y hombres de provecho, que cambiar el mundo está en nuestras manos.

Es muy triste ver que la gente piensa que no puede cambiar nada, que sus únicas argumentaciones se limitan a decir “Es que yo solo, ¿qué voy a cambiar? Si, además,  al final todo sigue igual“. Todo esto sin haberlo intentado, sin darse cuenta de que viven en un mundo lleno de comodidades y derechos gracias a miles y millones de personas que creyeron un día que el mundo SÍ se podía cambiar.

¡Por eso yo pienso tanto! ¡Por eso tengo sueños! Porque aunque no tengo hijos pienso en el mundo que me gustaría tener para mí y para los demás, me muevo y pienso, pero no demasiado, solo lo suficiente como para cambiar este mundo, escuchando propuestas, formando parte de foros y tratando de cambiar las perspectivas tan negras que tenemos delante. ¡¡AÚN HAY SOLUCIÓN!!

OS RETO A QUE OS MOVÁIS, A QUE USÉIS PARTE DE VUESTRO TIEMPO EN INTERESAROS EN CAMBIAR LAS COSAS, SI NO SABÉIS PREGUNTAD, SI NO ENTENDÉIS PEDID QUE OS EXPLIQUEN LAS COSAS DE MANERA MÁS CLARA, PERO MOVEROS DE UNA PUÑETERA VEZ.

Para los que no se muevan, que serán una mayoría de borregos, les dejo una canción que, aunque parezca paradójico, pertenece a una de esas compañías que nos aprietan las tuercas y nos sangran, nos cuentan cómo es el mundo real. Pero hemos llegado a tal punto de borreguismo que hasta las propias empresas nos dicen lo imbéciles que somos y no nos damos cuenta:

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