Esta palabreja extraña no os sonará a casi ninguno, pero si no queréis que os consideren idiotas, ved este vídeo:

La pregunta es ¿qué podemos hacer para evitar esto?

Mucha gente, y entre ellos las empresas, dirán que si dejamos de renovar los objetos y los hacemos más duraderos, perderíamos puestos de trabajo, ya que nadie compraría objetos nuevos. Pero pensemos una cosa. Somos 6.300 millones de personas en el planeta tierra, 1.000 millones acaparan el 80% de la riqueza, ¿y si hiciéramos que esos 5.300 millones de personas pobres tuviera un televisor, una lavadora, casa, coches…? ¿Acaso habría falta de trabajo?

Sí, es posible que esta idea no suene realista, pero os recuerdo que hace 200 años la idea de que no hubiera esclavos en la tierra era una utopía. ¿Por qué no dar ese paso? Si todos decidiéramos no comprar siempre lo último, no tirar la ropa al menor rasguño, el coche en cuanto ya tiene unos años, adquirir la última tontería tecnológica que se quedará obsoleta en unos meses… ¡otro gallo nos cantaría!

En un próximo post trataré otras soluciones y otros datos para que os deis cuenta de cómo nos toman el pelo. Y digo nos toman porque nadie está a salvo y entre todos tenemos la solución.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Eduardo Galeano

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