Gabriel García Márquez De Memoria de mis putas tristes

“El sexo es el consuelo para los que ya no tienen amor.”

Cuantas veces nos hemos entregado al sexo sin miramientos, sin medida, como un loco ansioso por terminar una carrera de la que ya se sabe que no hay ganador. Cuantas veces hemos amado o creído amar a alguien y entonces el sexo se convierte en algo lleno de sentido, selecto y exquisito. Cuantas veces he visto entregarse a personas que solo buscaban un poco de afecto, y prostituir su dignidad a cambio de algo insustancial y pasajero, vaciándose cada vez más con cada paso dentro de la terrible rueda del desenfreno mas carnal. Introducir un pene en esos momentos, no llena salvo por el hecho físico en sí, al contrario, agota emocionalmente haciendo nuestras vidas mas pobres y vacuas, haciéndonos sentir después mendigantes llenos de cargos de conciencia por el simple hecho de no valorarnos a nosotros mismos. No pretendo con esto condenar al sexo sin amor, al contrario, el sexo sin amor es una práctica fantástica y llena de satisfacciones siempre y cuando no haya otras carencias por medio, el sexo no es un telón tras el cual escondemos la mierda interior, nuestros miedos, ansiedades o temores. El sexo es un punto más en la liberación del ser humano, no un alambre de espino que nos enrollamos para autocastigarnos por nuestra falta de amor propio, sensación de soledad o carencia de afecto, el sexo es vida, placer, goce, disfrute y ante todo y sobre todo, un momento de autodisfrute personal en compañía o solo.

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