“Es cierto que el amor conserva la belleza y que la cara de las mujeres se nutre de caricias, lo mismo que las abejas se nutren de miel.”

Vivimos en una sociedad en que lo superficial, la belleza mas banal e insustancial, gana a la denominada “belleza interior”, un mundo lleno de hedonistas y egocéntricos que terminan por tener vacía su existencia, carente de todo sentido. Solo la eterna juventud parece darles cancha, únicamente la búsqueda de la perfecta belleza, del ideal apolíneo, puede aportarles cierta serenidad, algo totalmente efímero y pasajero. Lo que no parecen ver todos esos dioses del Olimpo terrenal, es que los años no pasan en balde y que la hermosura como las hojas del otoño en el suelo, se pudre y termina en una decrepitud sin freno.

No hay nada mas bonito de observar, que los ojos de tu compañera o compañero al despertar, obviando sus arrugas, canas y todas las demás muestras del paso de los años, porque para el que ama y respeta, esa persona siempre tendrá la edad con la cual la vimos por primera vez. Cada beso y cada caricia nos hará verla mas bella, mas completa, repleta de vivencias compartidas con nosotros y que nos demuestran que el paso de los años no tienen porque ser una condena, sino una bendición por los buenos momentos vividos.

No quiero un hermoso rostro a mi lado, yo me encargaré de hacerlo hermoso bajo el prisma de mi mirada llena de cariño, solo pido un alma que acompañe a esa mirada limpia, pura y llena de amor y afecto incondicional.

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